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Leyendas santafesinas: el sauce llorón

La del sauce llorón es una de las leyendas tradicionales de la provincia de Santa Fe. Una aborigen y un árbol.

Regionales | 16/09/20

 
 

El sauce llorón es un árbol que se suele ver en muchas partes de la provincia de Santa Fe. Por sus grandes dimensiones, no se encuentra tanto en la vía pública, sino más bien en parques y en las innumerables zonas de costa. Su inigualable sombra es una gran aliada en el caluroso verano santafesino. Es raro que alguien no identifique de qué árbol estamos hablando, cuando hacemos referencia a un sauce llorón. Pero igual vale una breve descripción.

El sauce llorón alcanza un tamaño mediano a grande, con una altura de hasta 20-25 metros. El tronco es robusto de corteza color marrón grisáceo. Sobre las largas y flexibles ramas, de las cuales las más delgadas son color verde olivo o marrón, crecen hojas caducas y alternas que se caracterizan por su forma de lanza, es decir, son largas y delgadas y lucen un color verde claro. Miden entre 4 y 16 centímetros de longitud y poseen bordes dentados. Las flores crecen sobre unas inflorescencias llamadas amentos, parecidas a espigas. es una especie nativa del norte de China y con el transcurso de los años fue llevada a otras partes del mundo.

Pero, si no sos muy aficionado a la botánica, quizás te aburra leer un artículo sobre las características de un árbol. Además, estás en la sección de leyendas de Ser Argentino. Así que vamos al tema central. Lo de recién fue una introducción. La de la leyenda santafesina del sauce llorón.

La que no lloraba

Isapí era una joven india muy hermosa, hija del jefe de la tribu. Hablamos de alguna de las etnias autóctonas que poblaban lo que hoy conocemos como provincia de Santa Fe.

La belleza de Isapí solo podía compararse con la dureza de su corazón. No amaba ni compadecía a nadie. La llamaban “la que nunca lloró”, porque jamás rodó una lágrima de sus profundos ojos negros.

Cierta vez, una crecida del río lo inundó todo, tal como sigue pasando en estas tierras. El agua arrancó las viviendas y se llevó para siempre a mucha gente de su tribu. Pero Isapí no lloró. Todos empezaron a pensar que ella era la causa de tantas desgracias, y una hechicera dijo que solo las lágrimas de Isapí calmarían a los dioses.

Muchas otras desgracias ocurrieron. La tribu quedó reducida a unas pocas mujeres y a un puñado de combatientes. Se refugiaron todos en las selvas. Estaba con ellos Isapí, pero en sus ojos no brillaba ni una lágrima.

Fue entonces cuando la hechicera invocó al señor de los maleficios y le contó lo sucedido.

Él mandó llamar a Isapí, e inmediatamente los guardianes la llevaron al palacio. Ella no sabía por qué la habían llamado y le dijo al señor: "¿Por qué estoy aquí?". Él le dijo: "Porque quiero hablar contigo de tus sentimientos –y le dio una poción para poder llorar–. Pero te convertirás en un árbol".

Ella tomó la poción y empezó a no oír nada de lo que estaban hablando. Fue metiendo los pies en la tierra y su cabello comenzó a convertirse en ramas de las que colgaban hojas.

Isapí, poco a poco, se fue convirtiendo en el sauce llorón.

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